Me pregunto por qué, si 1 de cada 68 personas tiene TEA, es necesario seguir hablando de autismo. ¿Por qué seguimos exponiendo nuestras vidas para tratar de explicar un poco más de que se trata esta condición si probablemente todos conozcan a alguien con TEA?

Porque todavía hay muchos mitos alrededor del autismo. El desconocimiento es peligroso, más aún cuando se repite: eso duele y aleja. Entonces nos encontramos con personas que se sienten solas o desamparadas ante un diagnóstico de TEA; con niños a los que se les niega la oportunidad de escolarizarse debidamente, con adolescentes que no tienen un grupo de pertenencia; y, adultos sin un acceso a un trabajo digno.

Cada vez que alguien se guía por un diagnóstico, cada vez que por no saber, actuamos en base a nuestros propios miedos, ponemos un techo en la vida de otro, agregamos un límite donde no lo había. Por eso tenemos que seguir hablando, y al hacerlo tenemos que ser honestos, hablar desde el corazón, y si eso acarrea exponernos, será un riesgo que hay que tomar.

Porque se necesita un mejor entendimiento para que haya más respeto. Todos tenemos derecho a una vida digna, plena y feliz en cada etapa. El autismo no es solo en niños, el autismo es parte de toda una vida. Hay mucho todavía por cambiar, por mejorar.
Porque se puede vivir con autismo y ser «feliz», pero se necesita mayor conocimiento por parte de la sociedad para lograr una inclusión honesta, compartamos conocimientos, vivencias, enriquecernos para saber tratar, para no mirar como un estorbo a esa familia.

 

 

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